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 FRÓMISTA EN SU ESPLENDOR

Esta época es tiempo de plenitud para Frómista. Alrededor de 1066, según la referencia que se ofrece en el testamento de la Reina Doña Mayor, se funda el Monasterio de San Martín con su iglesia románica. En 1118 la Reina Doña Urraca, dueña del monasterio, hace donación de éste y de su jurisdicción a los monjes benedictinos del priorato de Carrión de los Condes. Desde el siglo XII hasta el siglo XV, Frómista estuvo dividida en dos jurisdicciones distintas: por una parte, el señorío eclesiástico que poseía el Abad de Carrión sobre el barrio de San Martín, y por otra, el señorío civil que ejercían los señores de Frómista sobre el resto de la villa. Entre estos últimos, destaca Gómez Benavides, que en 1427 consiguió unificar ambas jurisdicciones, al añadir el barrio de San Martín a su señorío, y en 1436 fundó el Monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia, de monjes benedictinos.

Por otro lado, a finales de la Edad Media, en tiempos de los Reyes Católicos, hay que situar una obra de arte de gran importancia, el retablo de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. Las obras maestras del arte medieval en Frómista, así como los hospitales que tenía para los peregrinos, son fruto del Camino de Santiago, la gran ruta cultural y espiritual, que une España con el Occidente cristiano.

 En la Frómista medieval aparecen los tres motivos que más fama han dado al pueblo: San Telmo, el milagro y los judíos.

SAN TELMO

Pedro González Telmo (1185-1246), conocido hoy como San Telmo, fue figura destacada del siglo XIII, y es invocado como patrono de las gentes del mar.

Era sobrino del obispo de Palencia, Tello Tellez de Meneses, quien le orientó hacia los estudios eclesiásticos. Fue nombrado canónigo y, estando vacante la dignidad de deán, fue promovido a ella por el Papa a instancias de su tío. Habiendo tenido noticia de la consecución de este puesto, Pedro se dispuso a celebrar su elección. Encontrándose en la Plaza Mayor de Palencia, quiso hacer caracolear a su caballo para excitar la admiración del público y conseguir su aplauso. Se lanzó pues, a toda brida; pero el caballo se encabritó en medio de la carrera, dio un paso en falso y tiró al jinete en un lodazal. Los espectadores celebraron la caída con gritos y burlas, y el joven y elegante deán quedó avergonzado por un momento. Pero reaccionó súbitamente y con voz potente exclamó:

 "-¡Cómo! ¿Este mismo mundo, a quien yo tanto quería agradar, se burla ahora de mí? Pues bien, también yo me burlaré de él. Y desde ahora, vuélvole la espalda para llevar una vida mejor."

Así fue como determinó servir a Dios con tanta y más atención con que antes había servido a su vanidad. Ingresó en el convento de Santo Domingo (San Pablo) y allí permaneció durante tres años. Posteriormente, predicó en el norte de España llegando a Tuy (Pontevedra), donde murió en 1296. Se le atribuye el milagro llamado "El fuego  de San Telmo",  luminarias que salen en el cielo para que los barcos a punto de naufragar puedan llegar a puerto seguro.

LOS JUDIOS Y EL MILAGRO

Estuvieron presentes en Frómista desde siempre, debido a que Fernando I, dada la necesidad de repobladores, y por su justa fama de hombres hábiles, industriosos y activos, les concedió muchas facilidades para su establecimiento en Palencia, además, durante el reinado de Alfonso X, el número de judíos se vio incrementado con los que huían del Al-Andalus perseguidos por almorávides y almohades. La comunidad judía de Frómista llegó a tener unas doscientas familias (1.000 personas) a finales del siglo XV, que conformaban aproximadamente la cuarta parte del pueblo, su expulsión en 1492 supuso una sangría demográfica y económica muy considerable.

 Un hecho de singular importancia acaecido en 1453 otorga al priorato de San Martín nueva fama, y el sobrenombre de "Villa del Milagro" a Frómista.

Un tal Pedro Fernández de Teresa pidió dinero prestado a un judío llamado Matudiel Salomón, vencido el plazo, no devolvió el préstamo, y el judío le denunció a la autoridad eclesiástica, que le excomulgó. El hombre, como se vio excomulgado, pagó los dineros al judío, pero no se preocupó de confesarse y aclarar su falta. Cayó Pedro Fernández gravemente enfermo y pidió confesarse con el cura de San Martín, Fernández Pérez de la Monja, quien acudió a administrarle los últimos sacramentos, cuando el párroco quiso darle la Forma, ésta se hallaba adherida a la patena con tal fuerza que no pudo separarla. Perplejo, el sacerdote preguntó al enfermo si había ocultado algún pecado o si acaso estaba excomulgado, acordóse Pedro de lo sucedido con Matutiel y se lo explicó al sacerdote, quien le absolvió y le dio a comulgar otra Forma. Después, Pérez de la Monja tomó la Forma del Milagro, tal como estaba en la patena y la colocó en custodia en la iglesia de San Martín.

En la actualidad tanto la patena como la estola se conservan en el museo de la Iglesia de San Pedro y aún se puede ver la llamada "piedra del milagro", delante de la casa donde acaeció el suceso.

LA DECADENCIA

Comparados con la época medieval, los siglos XVI, XVII y XVIII son tiempos de decadencia. El régimen señorial pesaba sobre los pueblos, y no es extraño que la mayor parte de las gentes de tierra de Campos mostrara simpatía por el movimiento comunero, sin embargo, su ejército se hacía gravoso allá por donde pasaba. En 1521, a su paso por la localidad los vecinos se vieron obligados a pagar 250 ducados de oro para librarse del saqueo. La expulsión de los judíos, las pestes y otros desastres aceleraron la decadencia de la villa. Hacia 1591, en tiempo de Felipe II, Frómista tenía 521 vecinos, la mitad, aproximadamente, de los que había tenido cien años antes. A mediados del siglo XVIII la población había descendido a 217 vecinos. No había industrias ni apenas actividad comercial; la agricultura, exclusivamente de secano, era muy poco productiva; los árboles eran escasísimos y una de cada cinco casas estaba arruinada.

INICIO DE LA RECUPERACIÓN

Aquel panorama desolador comienza a cambiar cuando, a finales del siglo XVIII, se construye el Canal de Castilla. En 1773 el Canal alcanza Frómista, construyéndose cinco esclusas, cuatro de ellas unidas mediante el mayor salto de agua de todo su recorrido. El Canal supuso una animación moderada de la economía, propiciando el regadío, el transporte y la aparición de fábricas de harina.

LA LLEGADA DE LA MODERNIDAD

Durante la primera mitad del siglo XIX la población aumenta, y se estabiliza en torno a los 1500 habitantes. Hacia 1865 llegaba a Frómista el ferrocarril del Norte, fue otra oportunidad para el pueblo, que tal vez no se aprovechó debidamente, a causa de la mala situación económica en toda la región.

 Frómista ha tenido que superar en el siglo XX las crisis que hicieron presa en toda la España rural. La población actual es de unos 800 habitantes. Sin embargo quedan motivos de esperanza vinculados a los dos caminos legados por la historia. El Camino de Santiago hace de Frómista etapa obligada para los amantes de la cultura. El camino de agua, el Canal, con las acequias para los nuevos regadíos, ofrece posibilidades para una agricultura más intensiva y variada, con mejores expectativas de producción.

En la actualidad además de la agricultura, el turismo está afianzando población y creando puestos de trabajo, la iglesia de San Martín es un gran reclamo, que junto con la ruta  jacobea y el Canal de Castilla hacen que la villa se llene de turistas y peregrinos,